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Evitar un regreso a los desequilibrios macroeconómicos que caracterizaron a la Argentina hasta 2023 y, al mismo tiempo, introducir ajustes que permitan que la población perciba con mayor rapidez los beneficios del actual programa económico constituye, según Osvaldo Giordano, presidente del IERAL (Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana-foto inferior) el principal desafío de cara al próximo proceso electoral. En este sentido, plantea que el camino pasa por preservar el equilibrio fiscal, la integración al mundo, la desregulación y las reformas, pero acompañarlos con una política monetaria menos restrictiva, una estrategia específica frente a la mora y una menor presión impositiva sobre el crédito.
Para Giordano, el adelantamiento de la competencia electoral incorporó un factor de incertidumbre que condiciona las decisiones económicas. En particular, advierte sobre el riesgo de que los comicios puedan derivar en un cambio de orientación que implique regresar a los desequilibrios anteriores a 2023.
“Mientras ese escenario conserve probabilidades de ocurrencia, es natural que predominen conductas extremadamente conservadoras. La suba del riesgo país y la persistente compra de dólares para ahorro son ejemplos de las consecuencias de un clima de elevada incertidumbre política. La principal consecuencia es que se restringen la capacidad de crecimiento de la economía”, sostiene.
El economista describe así una dinámica que, a su entender, puede retroalimentarse: la incertidumbre política lleva a postergar decisiones de consumo e inversión; un menor crecimiento afecta el clima social y, a su vez, una población insatisfecha incrementa las dudas sobre el escenario político.

Dentro de las alternativas para modificar esa dinámica, Giordano coloca entre las prioridades el problema de la mora en los créditos de las familias. Considera que la respuesta no debería limitarse a resolver la situación coyuntural de los deudores, sino que podría utilizarse para abrir una discusión más amplia sobre el costo tributario del financiamiento. “Una gestión política más estratégica permitiría no solo neutralizar propuestas de la oposición que dañan la seguridad jurídica, sino también transformar el abordaje de un problema coyuntural en una oportunidad para instalar en la agenda una cuestión estructural: los enormes daños que generan los impuestos que gravan el crédito”, afirma.
El titular de IERAL toma como antecedente las decisiones adoptadas por algunas provincias, que redujeron los impuestos aplicados a los créditos provenientes de refinanciaciones de deudas en mora con el objetivo de facilitar acuerdos entre acreedores y deudores. A partir de esa experiencia, propone extender el mecanismo a escala nacional mediante una modificación tributaria que permita reducir el costo del financiamiento.
“En concreto, podría establecerse desde una ley nacional la eliminación del IVA que grava los créditos, condicionada a que las provincias hagan lo mismo con Ingresos Brutos y Sellos, y los municipios con las tasas que gravan la intermediación financiera”, plantea Giordano.
El economista sostiene que comenzar por los créditos vinculados con deudas refinanciadas en mora tendría un costo fiscal reducido para el Estado nacional, debido a que esas operaciones no generan recaudación mientras permanecen impagas. Además, destaca que una parte importante de los recursos tributarios asociados al crédito queda en manos de los gobiernos subnacionales. “Si inicialmente se aplicara a los créditos surgidos de refinanciaciones de deudas en mora, el costo fiscal para la Nación sería irrelevante, ya que esas deudas, mientras permanecen en mora, no generan recaudación. Además, aproximadamente tres cuartos de la recaudación que generan los tributos sobre los créditos son apropiados por los gobiernos locales ya que la Nación recibe solo una parte del IVA, mientras que el resto corresponde a provincias y municipios”, señala.

La propuesta, según Giordano, podría implementarse de manera gradual. El ritmo de extensión hacia otros créditos debería quedar vinculado al crecimiento del financiamiento para evitar que la reducción de impuestos comprometa el equilibrio de las cuentas públicas. “La respuesta puntual para el problema de la mora podría ser el primer paso para resolver un problema estructural extremadamente importante. Arrancando con los créditos derivados de la refinanciación de las deudas en moras, posteriormente se puede avanzar gradualmente con el resto. El ritmo debería ser determinado por la expansión del crédito (sobre el cual hay un amplio margen para el crecimiento), de manera de no afectar el equilibrio fiscal”, sostiene.
Moderar el ajuste y darle más impulso al crédito
Otro de los puntos centrales de la columna, a la que tuvo acceso Tendencia de Noticias, es la necesidad de revisar la intensidad de la política monetaria. Giordano considera que una reducción tanto del nivel como de la volatilidad de las tasas podría generar condiciones más favorables para el consumo y la inversión. “El instrumento con impactos más inmediatos es una adecuación de la política monetaria que permita moderar tanto el nivel como la variabilidad de la tasa de interés. Una política menos estricta podría contribuir a estimular el consumo y la inversión”, explica.
En este punto, Giordano plantea una modificación en las prioridades del programa: preservar el ordenamiento macroeconómico, pero otorgar mayor peso al desempeño de la producción y el empleo, incluso si eso implica aceptar una desinflación algo menos acelerada. “El cambio más importante pasa por prestar mayor atención a la producción y al empleo de calidad, incluso si eso supone moderar las aspiraciones respecto de la velocidad del proceso de desinflación”, afirma.
El presidente de IERAL recuerda que ya se adoptaron algunas medidas orientadas a ampliar el financiamiento, entre ellas la flexibilización de los créditos en dólares y el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para impulsar los préstamos hipotecarios. Sin embargo, considera que esos pasos deberían integrarse en una revisión más amplia de la política monetaria.
La columna también diferencia entre los avances obtenidos mediante el ordenamiento macroeconómico y las dificultades que persisten en materia productiva y laboral. Giordano reconoce como uno de los principales resultados la reducción de la inflación y menciona además el crecimiento de las exportaciones como un elemento que contribuye a fortalecer el frente externo. En contraste, señala que la expansión de la actividad fue moderada y desigual, mientras que el proceso de reconversión productiva tuvo efectos sobre el mercado laboral. “La insatisfacción con el empleo y las remuneraciones son los principales factores que condicionan el humor de la población”, sostiene.

Frente a ese escenario, Giordano descarta que la incertidumbre pueda resolverse anticipando cuál será el comportamiento de los votantes. En cambio, plantea que existe margen para mejorar las condiciones económicas que inciden sobre el clima social.
Mantener el rumbo, pero recalibrar los instrumentos
Para Giordano, modificar algunas herramientas no significa abandonar el programa económico iniciado con el ordenamiento de las cuentas públicas. Por el contrario, sostiene que preservar sus fundamentos es indispensable para evitar una reversión hacia los desequilibrios anteriores. “No se trata de cambiar el rumbo sino, por el contrario, de preservarlo. En particular sostener sus pilares: el equilibrio fiscal, la integración al mundo, la desregulación y las reformas. Pero calibrando mejor los instrumentos es posible lograr que para la mayoría de la gente sea más perceptibles los beneficios que genera el nuevo rumbo económico”, sostiene.
En esa línea, advierte que prolongar la incertidumbre hasta las elecciones podría exigir un esfuerzo mayor a la población y aumentar los riesgos de una eventual reversión del proceso de estabilización.
“Recalibrar instrumentos” es, precisamente, el planteo que Giordano ubica como alternativa. Para ello combina una política monetaria más sensible al crecimiento del crédito con una gestión política capaz de acelerar las reformas estructurales.
“Desplegando pericia política para desenvolverse en las complejidades del Congreso y una política monetaria más sensible al objetivo de dinamizar el crédito son dos instrumentos que pueden contribuir a mejorar el desempeño de la economía y, en consecuencia, el humor social. Esta es la manera eficaz de reducir la incertidumbre”, sostiene.
El desafío, concluye el presidente de IERAL, consiste en que el proceso electoral encuentre a la economía con resultados concretos en materia de actividad, empleo y poder adquisitivo, de modo que la continuidad del rumbo pueda evaluarse a partir de sus efectos sobre la vida cotidiana. “El desafío es llegar a las elecciones no solo pidiendo paciencia, sino mostrando resultados concretos y palpables que permitan sostener la idea de que perseverar en este rumbo económico es el camino para sacar a la Argentina de su larga decadencia”, concluye Giordano.